Los que seáis de mi quinta o un poco más jóvenes probablemente recordéis aquellos libros de Elige tu Propia Aventura. Sí, los rojos y los azules. Aquellos que no se leían en el orden habitual sino que cada dos por tres nos permitían tomar una decisión clave en nombre del protagonista y, dependiendo de nuestra elección, nos mandaban para una página u otra. Y en los que el resultado final de la historia dependía de lo acertados que estuviéramos en esas decisiones, pudiendo llevar al héroe o heroína de turno a un final feliz o a una tumba prematura. Recuerdo pasar muchas horas muertas en las secciones de libros de los grandes almacenes ojeándolos, y aún tengo unos cuantos pululando por las estanterías.
Bien, ahora imaginad esos mismos libros, pero convertidlos a formato digital, de forma que se puedan leer en las pantallas de nuestros ordenadores o consolas y que las diferentes decisiones se tomen con un clic del ratón, sin necesidad de buscar la página 183 para saber si hemos metido la pata o no. Añadidle gráficos que muestran las localizaciones y los personajes de la historia. Ponedle música de fondo y, si os sentís especialmente generosos, voces y vídeos. Pues más o menos eso es lo que se conoce como novela visual.
Las novelas visuales son un género relativamente popular en Japón, de donde proviene el 99.9% de la producción mundial. Evidentemente, esto implica que la estética de la gran mayoría de ellas tiene mucho que ver con el anime y el manga. Además, en la última década se ha puesto bastante de moda realizar adaptaciones animadas de las novelas visuales más populares, hasta el punto de que es raro encontrarse una temporada de anime en la que no se emita como mínimo una serie basada en una de ellas. Esto ha ayudado a popularizar algunos títulos en particular y el medio en general, tanto entre el público local nipón como entre los frikis occidentales.
Por desgracia, esto no ha hecho que las novelas visuales en las que se basan estos animes tan populares hayan seguido el mismo camino en occidente. El problema principal al que se enfrenta cualquiera que se plantee vender novelas visuales en occidente es, por supuesto, el idioma. Traducir el volumen de texto que contiene una novela visual media es una inversión de tiempo y dinero nada despreciable, y generalmente demasiado grande para un producto con un mercado potencial bastante limitadito. Es por esto que hay poquitas compañías que se decidan a lanzarse a la piscina, y cuando lo hacen suele ser con catálogos cortos y lanzamientos muy esporádicos. Por suerte, Internet está bastante bien poblada de fans del género con conocimientos avanzados de japonés, y la mayoría de novelas visuales de popularidad media/alta tienen proyectos no oficiales de traducción en marcha o ya completados.
La otra pequeña pega de las novelas visuales viene también derivada de su reducido público potencial, incluso en Japón. Esto ha provocado que, para que una novela visual que no tenga detrás alguno de los grandes nombres del mundillo obtenga un nivel de ventas medianamente aceptable, es prácticamente obligatorio que contenga escenas eróticas. Es triste, la verdad. La gran mayoría de las veces estas escenas son totalmente prescindibles y la historia se puede disfrutar igual o mejor sin ellas, pero su presencia casi universal se ha convertido en un estigma para las novelas visuales, y complica y mucho su distribución en el mundo occidental, bastante menos acostumbrado a tener contenido adulto en su entretenimiento electrónico.
Porno aparte, las novelas visuales son un territorio casi inexplorado por el gran público occidental, incluso por aquellos más afines al manga y el anime y que, por tanto, deberían encontrarse como en su casa con estos híbridos de libro y juego. Así que para que esta entrada pueda servir de mini-guía introductoria a cualquiera que esté interesado en explorar este mundo, aquí van unas cuantas recomendaciones basadas en mi experiencia personal.
Bien, ahora imaginad esos mismos libros, pero convertidlos a formato digital, de forma que se puedan leer en las pantallas de nuestros ordenadores o consolas y que las diferentes decisiones se tomen con un clic del ratón, sin necesidad de buscar la página 183 para saber si hemos metido la pata o no. Añadidle gráficos que muestran las localizaciones y los personajes de la historia. Ponedle música de fondo y, si os sentís especialmente generosos, voces y vídeos. Pues más o menos eso es lo que se conoce como novela visual.
Las novelas visuales son un género relativamente popular en Japón, de donde proviene el 99.9% de la producción mundial. Evidentemente, esto implica que la estética de la gran mayoría de ellas tiene mucho que ver con el anime y el manga. Además, en la última década se ha puesto bastante de moda realizar adaptaciones animadas de las novelas visuales más populares, hasta el punto de que es raro encontrarse una temporada de anime en la que no se emita como mínimo una serie basada en una de ellas. Esto ha ayudado a popularizar algunos títulos en particular y el medio en general, tanto entre el público local nipón como entre los frikis occidentales.
![]() |
| Aspecto típico de una novela visual, en este caso de Ef: A Fairy Tale of the Two |
Por desgracia, esto no ha hecho que las novelas visuales en las que se basan estos animes tan populares hayan seguido el mismo camino en occidente. El problema principal al que se enfrenta cualquiera que se plantee vender novelas visuales en occidente es, por supuesto, el idioma. Traducir el volumen de texto que contiene una novela visual media es una inversión de tiempo y dinero nada despreciable, y generalmente demasiado grande para un producto con un mercado potencial bastante limitadito. Es por esto que hay poquitas compañías que se decidan a lanzarse a la piscina, y cuando lo hacen suele ser con catálogos cortos y lanzamientos muy esporádicos. Por suerte, Internet está bastante bien poblada de fans del género con conocimientos avanzados de japonés, y la mayoría de novelas visuales de popularidad media/alta tienen proyectos no oficiales de traducción en marcha o ya completados.
La otra pequeña pega de las novelas visuales viene también derivada de su reducido público potencial, incluso en Japón. Esto ha provocado que, para que una novela visual que no tenga detrás alguno de los grandes nombres del mundillo obtenga un nivel de ventas medianamente aceptable, es prácticamente obligatorio que contenga escenas eróticas. Es triste, la verdad. La gran mayoría de las veces estas escenas son totalmente prescindibles y la historia se puede disfrutar igual o mejor sin ellas, pero su presencia casi universal se ha convertido en un estigma para las novelas visuales, y complica y mucho su distribución en el mundo occidental, bastante menos acostumbrado a tener contenido adulto en su entretenimiento electrónico.
Porno aparte, las novelas visuales son un territorio casi inexplorado por el gran público occidental, incluso por aquellos más afines al manga y el anime y que, por tanto, deberían encontrarse como en su casa con estos híbridos de libro y juego. Así que para que esta entrada pueda servir de mini-guía introductoria a cualquiera que esté interesado en explorar este mundo, aquí van unas cuantas recomendaciones basadas en mi experiencia personal.
